Definición de la Inducción Miofascial (MIT®)

La Inducción Miofascial (MIT®) es un concepto terapéutico, perteneciente a la Terapia Manual, dirigido al restablecimiento funcional del alterado sistema fascial. LaMIT® es un proceso de evaluación y tratamiento en el cual el terapeuta, transfiere una ligera fuerza (tracción y/o compresión) al tejido diana, facilitando la recuperación de la calidad del sistema fascial. El término "inducción" está relacionado con la facilitación del movimiento en vez de un estiramiento pasivo del sistema fascial.  El resultado es una reacción recíproca del cuerpo que implica la reacciónbioquímica y metabólica de la señalización, y finalmente, las respuestas fisiológicas. Este proceso pretende remodelar la calidad de la matriz extracelular del tejido conectivo para facilitar y optimizar la transferencia de información hacia y dentro del sistema fascial (Chiquet, 2003; Wheeler, 2004). Es un proceso concentrado, controlado por el sistema nervioso central, en el cual el terapeuta actúa como facilitador. La acción terapéutica se concentra en la provisión de recursos para el ajuste del equilibrio homeostático óptimo. El objetivo final no es el establecimiento de jerarquías estables sino de facilitación de una adaptación óptima a las demandas del entorno (Pilat, 2014). El resultado (cambio en la imagen corporal, mejoras en las habilidades funcionales) debería ser evaluado y valorado no solo por el terapeuta sino también por el paciente. La Inducción Miofascial aspira ser un tratamiento que se concentra en el paciente (Pilat, 2015).


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Definición de la Fascia y las características del Sistema Fascial

Existen diversas opiniones sobrequé es lo que podemos definir como fascia(Langevin, 20016, Langevin & Huijing, 2009,  Schleip, Jäger & Kinler, 2012, Swanson, 2013, Stecco, 2014). Se sugiere el empleo de la expresión sistema fascial. Este sistema reúne diversos tipos de células con diferentes actividades (de una manera parecida como, por ejemplo, la del sistema cardiovascular o del sistema nervioso), y se relaciona con otros sistemas corporales a través de una ininterrumpida e inervada estructura de estabilidad funcional conformada por la tridimensional matriz colagenosa (Kumka & Bonar, 2012, Pilat, 2014). Este planteamiento facilita relacionar entre sí los hallazgos científicos y clínicos y a su vez ofrece una distinta y más amplia perspectiva para el análisis de la mecánica y patomecánica corporal. El mencionado sistema representa una compleja arquitectura comunicacional (Kapandji, 2012), que asegura una amplia información mecano-receptiva, no solamente a través de su distribución topográfica, sino principalmente por los patrones de interrelación con otras estructuras del cuerpo (Lancerotto et al. 2011), especialmente los músculos. Desde su construcción dinámica y fibrosa, se distingue la propiedad de remodelarse de forma continua (plasticidad fascial) (Langevin, 2011),  de alinearse y acomodarse a las solicitudes tensionales intrínsecas y extrínsecas del cuerpo (Swanson, 2013). Las alteraciones tensionales, creadas fuera de los patrones fisiológicos del movimiento, pueden reorientar la dinámica corporal, estableciéndose cambios retráctiles de la matriz (a través de la dinámica de los miofibroblastos) (Tomasek, 2002), que afectan la libertad del movimiento (Gabbiani, 2007). La densidad, la distribución y las características organolépticas del sistema fascial difieren en su recorrido por el organismo, lo que le permite adaptarse y atender las solicitudes del movimiento (Benjamin, 1995), sin embargo, su continuidad es fundamental, lo que permite que actúe como un todo sinérgico, absorbiendo y repartiendo un estímulo local a los restantes elementos del conjunto, a diferentes escalas de su construcción (Ingber, 2008). La sinergia estructural intrínseca del sistema fascial le asegura al cuerpo la relativa independencia de la fuerza gravitacional, como también, gozar de una gran capacidad de adaptación, de acuerdo a los requerimientos que provienen del exterior y del interior o, en relación a la disponibilidad de energía y nutrientes en el entorno ambiental (Nakajima et al. 2004). Además de su función estructural, la fascia asume y distribuye los estímulos que el cuerpo recibe: su red de receptores registra impulsos térmicos, químicos, de presión, vibración y movimiento; los envía a la región homeostática del sistema nervioso central por vía interoceptiva (Craig, 2003). De esta manera, se crea un potencial de información unido por el sistema con un fin específico (Pilat, 2012, Pilat, 2014).


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Transmisión miofascial de la contracción muscular

El omnipresente modelo de contracción muscular basado en el deslizamiento de filamentos de actina y miosina descrito hace más de 40 años por Huxley & Simmons (1971), ha respaldado el análisis del movimiento corporal Newtoniano, caracterizado por el fenómeno de palancas. En este modelo, las miofibrillas organizadas en serie, son motores independientes que consiguen aproximar los extremos miotendinosos o mioaponeuróticos, desencadenando así el movimiento. Sin embargo, el descubrimiento de la ultraestructura y la mecanobiológia de la unidad sarcomeral, han dado forma a un nuevo modelo de miofibrillas “incrustadas” dentro de una matriz extracelular (MEC) que participa, desde su propia dinámica, en el fenómeno contráctil (Gillies, 2011). El acortamiento de la miofibrilla ejerce fuerzas “multidireccionales” dentro de una red fascial (endomisio, perimisio y epimisio) organizadas bajo los principios de la tensegridad (Gillies, 2011, Purslow, 2010, Hujing, 2007). La mayoría de estas fuerzas son destinadas a la unión miotendinosa, sin embargo, aproximadamente el 30%, utilizan vías de transmisión lateral“epimisiales”, como queda demostrado en casos como la expansión aponeurótica del bíceps braquial sobre el antebrazo (Eames et al. 2007) o la continuidad de la fascia pectoral con la braquial (Stecco, 2008), es decir, vías paralelas a las tendinosas (Chi-Zhang, Gao, 2012, Huijing, 2007, Yaman A, 2013). La importancia clínica de este fenómeno queda expuesta en las transferencias tendinosas, donde se observa, que son las conexiones intermusculares (epimismales) extra tendinosas las que gobiernan la función sobre el aparato extensor (Scott, 2003).


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La inervación y propiocepción del sistema fascial

La fascia es considerada como una estructura neurosensitiva que forma una compleja red funcional de interconexión e integración de la dinámica corporal (Stecco et al. 2007). Durante la contracción muscular, las expansiones fasciales podrían transmitir el impulso contráctil a las áreas específicas del sistema fascial, estimulando los propioceptores en esa zona. La presencia de los mecanoreceptores sugiere una activa participación de la fascia en propiocepción, trasmisión de la fuerza y control motor. El papel propioceptivo de la red fascial significa que puede actualizar el sistema nervioso central, en cuanto a la tensión mecánica, para operar sobre las unidades motoras en el momento, el ritmo y nivel de la fuerza adecuada. Como resultado, la fascia está involucrada en el rol propioceptivo (Van der Wal, 2009) y es vital para el correcto funcionamiento del sistema (Basmajian & De Luca, 1985). Resulta de interés, la red de terminaciones nerviosas libres tipo III y IV llamadas también los mecanoreceptores intersticiales, quienes son potenciales informantes deestímulos de bajo y alto nivel mecanosensitivo. Por ejemplo, los receptores aferentes del Grupo III se encuentran en la fascia perimuscular y la adventicia de los vasos sanguíneos musculares y responden a gran variedad de estímulos, incluyendo la presión y estiramiento vinculados a la deformación de la matriz después de la aplicación del impulso mecánico, siendo esto aplicable al impulso manual empleado durante el proceso terapéutico (Yi-Wen, 2009).  La estimulación de los receptores musculares aferentes del grupo III y IV muestra la presencia de un importante efecto reflejo inhibidor en motoneuronas alfa y un efecto de excitación en la motoneurona gamma (Kaufman, 2002). La disfunción y el dolor relacionado alos procesos patomecánicos del aparato locomotor, sugiere la presencia de importantes cambios anatómicos y neurofisiológicos que involucran también al sistema fascial (Alix, 1999). El dolor y la hipersensibilidad pueden ser causados por la activación y/o la sensibilización de los nociceptores periféricos por sustancias endógenas (Mense, 2011). La presencia de lasterminaciones nerviosas libres (sensitivas) dentro de la matriz colagenosa del tejido conectivo no especializado, principalmente las fibras  A δ y/o C (Corey, 2011) revela la posibilidad de que el tejido fascial sea un importante elemento de la respuesta dolorosa. Los estudios sobre la inervación de la fascia toracolumbar (FTL) humana, revelaron su sustanciosa inervación (Taguchi, Hoheisel & Mense, 2009). Recientemente Von Tesarz y colaboradores (2011) descubrieron que la mayoría de las fibras nerviosasse encuentran en el nivel superficialde la FTL y en la fascia superficial, mientras que las fibras nerviosas en el nivel intermedio son escasas. Paralelamente, en la fascia superficial se han encontrado fibras nerviosas que acompañan vasos sanguíneos. La ubicación de la mayoría de las fibras alrededor de los vasos sanguíneos sugiere que, al menos parte de ellas, son fibras vasomotoras que al activarse, pudieran causar dolor de tipo isquémico (von Tesarz et al. 2011).


Definición de la Disfunción Miofascial

La disfunción del sistema miofascial se define como la alteración de la altamente organizada onda de movimientos especializados y la consecuente inadecuada transmisión de la información a través de la matriz extracelular (Pilat,  2003). Los patrones disfuncionales del movimiento podrían facilitar variaciones en la respuesta de mecanotransducción (conversión del impulso mecánico en la respuesta química), con la consecuente iniciación de los mecanismos moleculares desencadenantes de la enfermedad (Ingber, 2003).

La aplicación de la MIT es recomendada principalmente para los pacientes con disfunciones ortopédicas, neuro-ortopédicas, post-traumáticas y degenerativas relacionadas con el sistema miofascial.

 

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Las recomendaciones generales:

  •  disfunciones del sistema nervioso (central y periférico)
  •  trastornos del suelo pélvico
  •  disfunciones de los sistemas circulatorios
  •  disfunción de la ATM
  •  lesionesdeportivas
  •  trastornos respiratorios

Objetivos específicos:

  • movilizar  las restricciones fasciales superficiales
  •  cambiar la “actitud estacionaria” de las estructuras colágenas
  •  facilitar la recuperación de las propiedades de deslizamiento de la matriz extracelular
  •  estimular la orientación fisiológica en la mecánica de fibroblastos
  •  evitar la formación de adherencias de tejido
  •  adquirir una circulación más eficiente de los anticuerpos en la matriz
  •  mejorar el suministro de sangre (liberación de histamina)
  •  mejorar el suministro de sangre al sistema nervioso

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Bases de aplicaciones clínicas (Pilat, 2003, Pilat ,2009, Pilat, 2014, Pilat, 2015)

En la MIT, el terapeuta aplica al sistema fascial un impulso manual de baja intensidad.  Se utiliza un impulso tensional (tracción y/o compresión) prolongado en el tiempo (Barnes, 1990). A través de élse facilita la recuperación de la calidad del tejido fascial (matriz extracelular) (Martínez Rodríguez, Galán-del-Río, 2013). Este proceso es mediado por mecanismos moleculares asociados a mecanotransducción celular, piezoelectricidad (Ahn, Grodzinsky, 2009), viscoelasticidad (Chaudhry et al. 2007) y regulado “a tiempo real” por el SNC (Craig, 2003, Urresti-López, 2011). Se trata principalmente de un proceso instructivo, en la búsqueda de un nuevo y óptimo nivel homeostático a través de la recuperación del rango de movimiento, una tensión adecuada, la fuerza y la oordinación. El resultado final se transmite en una  mejor funcionalidad con un gasto energético menor.

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Investigaciones relacionadas con algunas patologías

  • Una forma objetiva de evaluar los efectos de las técnicas de aplicación de inducción miofascial en las lesiones musculares con sonoelastografía dinámica fue reportada por Martínez y Galán-del-Río (2013).
  • Leonard et al. (2009) reportaron que la manipulación del tejido conectivo mejoró la circulación periférica y mejoró los procesos de cicatrización en 20 pacientes con úlceras en pies diabéticos.
  • Diferencias significativas entre pre- y post-mediciones de presión (umbrales del dolor), con la disminución de la sensibilidad en los puntos “gatillo” miofasciales, fueron reportadas en varios músculos afectados: el adductor largo(Roba & Pajaczkowski, 2009), el trapezio superior (Fryer & Hodgson, 2005) y los músculos cervicales (Hou et al. 2002).
  • Marshall et al. (2009) concluyeron que la liberación miofascial ayudó a reducir la gravedad y la intensidad de dolor muscular en las personas con síndrome de fatiga crónica.
  • Hicks (2009) reportó que los fibroblastos humanos secretan los mediadores solubles de la diferenciación de mioblastos y que la liberación miofascial puede regular el desarrollo muscular.
  • Tozzi et al. (2012) investigaron algias lumbares no específicas, en relación con la movilidad renal. Usando el ultrasonido en tiempo real, este estudio demostró que la “manipulación osteopática fascial redujo la percepción del dolor y mejoró la movilidad renal".
  • Useros y Hernando (2008) concluyeron que la inducción miofascial tiene efectos beneficiosos para los pacientes con daño cerebral, con énfasis en el control automático de la postura.
  • En los pacientes con negligencia espacial unilateral (una alteración de la posición de la cabeza con respecto a la línea media del cuerpo), Vaquero Rodríguez (2012) observó resultados significativos para la variable de sensibilidad en el grupo experimental tratado con técnicas de inducción miofascial, en comparación con los tratados con la terapia Bobath.
  • Fernández-Lao et al. (2011) aplicaron técnicas de liberación miofascial en sobrevivientes de cáncer de mama. Los autores observaron que la liberación miofascial condujo a un aumento inmediato de la tasa de flujo salival, lo que sugiere un efecto parasimpático de la intervención.
  • Vásquez et al. (2011) reportaron la eficacia de las técnicas de inducción miofascial en el tratamiento del “hombro de nadador” con respecto al balance del movimiento articular  y el dolor.
  • Arguisuelas-Martínez (2010) demostró los efectos de la manipulación de la columna lumbar y las técnicas de inducción miofascial toraco-lumbares en el patrón de activación de los extensores del tronco.
  • En un estudio a doble ciegas, Urresti-López (2011) aplicó la técnica de inducción suboccipital en 26 sujetos con dolor de cuello crónico. Se observaron cambios en el electroencefalograma (EEG) relacionados con la reducción de latencia en el grupo experimental, en comparación con el grupo de control. Este resultado sugiere que las mejoras en los procesos cognitivos, incluyendo la atención, la memoria y los estados de activación asociativos están asociados con la onda P300. La ausencia de variantes en otros parámetros del EEG descartó la influencia de las modificaciones vasculares.
  • Heredia-Rizo et al. (2013) demostraron que la aplicación de la técnica de inhibición muscular suboccipital mejoró instantáneamente la posición protruida de la cabeza. Adicionalmente, la mecano-sensibilidad del nervio occipital mayor disminuyó de inmediato.
  • Ajimsha et al. (2012) presentaron la evidencia, que la liberación miofascial es más eficaz que las intervenciones de control para tratar la epicondilitis lateral, en profesionales de la informática.
  • Castro-Sánchez et al. (2011a) en el estudio realizado en 74 pacientes con fibromialgia (análisis de los grupos experimentales y de placebo), establecen que la liberación miofascial puede mejorar el dolor, la ansiedad, la calidad del sueño, depresión y calidad de vida en los pacientes con fibromialgia.
  • Tozzi et al. (2012) concluyeron que las técnicas de liberación miofascial son eficaces para liberar las áreas con la movilidad (deslizamiento) fascial reducida, como también son efectivas para mejorar la percepción del dolor a corto plazo en las personas con NP no específica o dolor lumbar.
  • Kuhar et al. (2007) reportaron una reducción significativa del dolor y una mejoría en la función del pie como un efecto a corto plazo del tratamiento de liberación miofascial.

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Investigaciones clínicas en sujetos sanos

  • Fernández-Pérez et al. (2013) observaron importantes modulaciones inmunológicas, con un aumento del recuento de linfocitos B después de 20 minutos de la aplicación de las técnicas de inducción miofascial en el segmento cráneocervical.
  •  Toro et al. (2009) reportaron que la aplicación de una sola sesión de terapia manual (incluyendo las técnicas de inducción miofascial) produjo un aumento inmediato de la variabilidad del ritmo cardíaco y una disminución en la tensión, el estado de ira y dolor percibido, en pacientes con problemas de cefaleas  relacionadas con la tensión crónica.
  • En un estudio simple ciego, con el grupo placebo, Arroyo Morales et al. (2009) reportaron que las técnicas de inducción miofascial podrían alentar la recuperación de un estado de inmunodepresión transitoria, inducido por el ejercicio en mujeres sanas y activas.
  • Arroyo Morales et al. (2008a) reportaron que la variabilidad de la frecuencia cardíaca y la recuperación de la presión arterial, después de una situación físicamente estresante, fueron observadas como resultado de  la liberación miofascial, en comparación con el tratamiento falso de electroterapia.
  • Arroyo Morales et al. (2008b) reportaron que la aplicación de un protocolo de recuperación activa, (aplicación de las técnicas miofasciales globales),  reduce la amplitud de EMG y el vigor, cuando se aplica como una técnica de recuperación pasiva, después del ejercicio de alta intensidad.
  • Henley et al. (2008) demostraron cuantitativamente que la liberación miofascial cervical modifica el equilibrio simpato-vagal, desde el sistema nervioso simpático al parasimpático.
  • En un estudio con 41  adultos jóvenes sanos, asignados al azar a los grupos experimental y de control, Fernández et al (2008) reportaron la disminución significativa de los niveles de ansiedad después de la aplicación del tratamiento de inducción miofascial. Además, se observaron valores significativamente menores de presión arterial sistólica, en comparación con los niveles basales.
  • Saiz-LLamosas el al. (2009) demostraron los cambios rangos de movilidad cervical realizando Inducción Miofascial del ligamento nucal.